Sri Lanka: ¿Dos meses ya? | Two months already?

[Español]

Del creador de “Two months already? (Sweden)“, llega este post. Aquí quiero compartir cómo han sido estos ya dos meses en este país del sur de Asia.

En primer lugar, hablemos de geografía. Para nadie es un secreto que, a los ojos de foráneos, al menos de América Latina, la ubicación de Sri Lanka es, cuanto menos, incierta. “Queda por ahí como quien va para la India”. Y luego está la cuestión de “¿India dónde queda realmente?” Más allá del terrible tsunami de 2004, Sri Lanka no está en el radar de la mente de los latinoamericanos. Esto es vergonzoso, pero también es una lástima. Sri Lanka es tanto o más caótica que Lima o Bogotá, y su clima tropical añade un puñado adicional de características con las que los latinos podemos relacionarnos muy bien. No hablo de la cultura ni los roles de género ni la diversidad étnica y lingüistica, porque ahí sí que no hay dónde agarrar. Pero para un latino como yo, que encuentra un poco aburrida la perfecta paz de un país escandinavo, estar en Sri Lanka se siente un poco como tener pequeños pincelazos de casa.

Dicho esto, me pareció divertido compilar esta lista de curiosidades y mini-lecciones aprendidas de mi estancia en “Lanka”. Algunos pueden sonar un poco agresivos, pero es solo humor:

  • Los pitos (bocinas para los malpensados) de los buses son demasiado fuertes. No es raro tener pequeños paros cardíacos al caminar por andenes de avenidas grandes. Paros cardíacos míos y de otros. Es chistoso.
  • Hay sparrings (inserte cara de asombro). Para los que no saben, los sparrings son los ayudantes o cobradores que se cuelgan de la entrada de los buses gritando la dirección o ruta del bus y atrae pasajeros. Mientras ellos gritan lo que sea en cingalés, yo escucho “¡Socorro, Bosque, Manga, Centro, Bocagrande!”
  • El tráfico es caótico. C-A-Ó-T-I-C-O. Si creen que el tráfico en la costa colombiana es tenaz, Colombo les da tres vueltas. A esto súmenle que el volante está en el lado derecho de los carros. Gracias, UK.
  • Lo anterior, sumado a que muchísimas calles no tienen andenes, hace que caminar en Colombo sea una aventura, no una simple actividad cotidiana.
  • Las cebras para cruzar existen, y generalmente son respetadas… si te botas la calle con determinación y levantando la mano en señal de “deténgase”. Yo siempre me muestro muy serio, pero estoy destrozado por dentro.
  • Tienen Milo. Nada más que decir.
  • Todo tiene especias. No pasa nada, aman las especias. Pero no le dicen a uno que la empanadita tiene especias, y ahí ven a Joshua con la boca de fuego. Ya me he ido acostumbrando.
  • “Colombo, Magia Salvaje”. Por mi casa pasan lagartos (salamanquejas o cuquecas que llaman), caracoles, perros, gatos, tortugas, bichos, serpientes, ranas, ratas… Y bueno, uno que otro día, quizá hasta elefantes.
  • Los días de luna llena son festivos para los budistas, y se les llama Poya. Pueden imaginar mi mente malpensada cuando escucho “Oh, today is Poya Day“…
  • Pueden llamar Tuks a través de una app que se llama PickMe y pagar con tarjeta de crédito. Un hit.
  • Los conductores de Tuks no te entienden si pones el acento en la sílaba equivocada, así la dirección que digas sea evidente. Por ejemplo, si digo “KirimandÁla” no me entienden, porque se tiene que decir “KirimÁndala”. Pinches.
  • Ir a cine en Colombo es una huesera. Los asientos no están mal, pero te dan una cajita diminuta donde caben 54 crispetas. Y solo un tamaño. Me rehúso #babyno.
  • Me encanta que muevan la cabeza, como los Indios, para decir que están de acuerdo o “sí”… o “no”… o “no estoy seguro”. Es divertido. Uno se acostumbra.
  • El único tipo de música en español que se escucha es reggaeton de Maluma y Nicky Jam. A veces he escuchado covers de Shakira… y, por supuesto, todas las versiones posibles de Despacito.
  • Hay que ser un poco agresivo hasta para pedir la comida. Las filas es lo más ignorado que hay.
  • Ay, los monzones. Casi “se me devuelve el frijolito” hace exactamente dos noches: las lluvias son súbitas, torrenciales y ruidosas. Anoche hubo concierto de truenos durante toda la noche. Miedoso.
  • No podía faltar: tienen KFC. PERO el pollo de KFC es picante… Jmm.

Hay, por supuesto, muchas cosas más que no recuerdo o quizá no he notado. Lo cierto es que, no sé si es que me adapto muy rápido o si me apego en exceso a la rutina, pero por alguna razón siento los espacios de Colombo como propios, como que pertenezco a la ciudad. Recuerdo haber tenido la misma sensación a los dos meses de estar en Suecia. Pero la verdad es que no pertenezco, y seguramente no perteneceré. Mi admiración por el país no abarca tanto como para lograr integrarme en esta sociedad, pero eso es otro post. Por ahora intentaré dormir con la humedad en casi 90%, mientras intento asesinar una horda más de mosquitos mamones.

Buenas noches (o días, o lo que sea).

Josh

[English]

From the creator of “Two months already (Sweden)“, here is this post. I would like to share some random, shallow thoughts of my experience in this South Asian country for the past two months.

First, let’s talk about geography. I’m sure I’m not lying when I say that, before the eyes of foreigners, at least for Latin Americans, Sri Lanka’s location is a bit uncertain. “It’s close/around India, right?”… Then we find ourselves thinking: “umm… Where’s India exactly, actually?”. Sri Lanka is not in the minds of Latin Americans except for, perhaps, the tsunami. This is embarrassing, but also a shame. Sri Lanka is as much or even more hectic than Lima or Bogota, and its tropical weather adds up a bunch of additional features to which we Latinos can easily relate to. I’m not talking about the culture or the gender roles, or the ethnic or linguistic diversity… But for a Latino like me, who finds a bit boring the perfection or peace of Scandinavian countries, being in Sri Lanka feels a bit like home somehow.

Having said that, I found it funny to compile this list of curious things and mini-lessons learned about my stay in “Lanka”. I threw some shade, but no hate intended (just humor):

  • Honks are ridiculously loud. It’s not uncommon to have little heart attacks as one walks on the sidewalks by great avenues. It’s annoying but funny.
  • There are sparrings here. Sparrings (how we call them in my city) are the helpers of bus drivers who hold on the bus entrance, shouting the route and attracting passengers. They shout whatever Colombo’s neighborhoods in Sinhala, I hear Cartagena’s neighborhoods.
  • Traffic is chaotic. C-H-A-O-T-I-C. If you thought for a second that traffic in cities of the Colombian’s Caribbean coast was hectic, you have no fucking clue. Please note that people here drive on the right side of the road (thanks, UK!).
  • Many streets don’t have sidewalks. Walking in Colombo is not just a daily, regular activity, it’s basically an adventure.
  • Zebra crossings exist, and they’re generally respected… if you walk with determination while raising your hand making the “stop” sign. I look confident, but I’m nervous AF and broken inside.
  • They have Milo. A-mazing.
  • Everything comes with spices. It’s ok, they love them, I like them too. But they don’t even bother to warn you. Of course, my mouth have been on fire several times. I’m getting used to it, finally.
  • “Colombo, Magia Salvage”. I’ve become friends with lizards (there’s one at home called Richard, the Lizard), snails, dogs, cats, turtles, all kinds of bugs, snakes, frogs, rats… and occasionally, maybe elephants.
  • Full moon days are holidays for Buddhists and are called Poya Days. Do you know what “polla” is in Spanish?
  • You can get Tuks rides using an app called PickMe and pay with credit card. Nice.
  • You need to properly pronounce Sinhala, even if you don’t really speak it. Otherwise, Tuks won’t get what you’re trying to say. Let’s say, for instance, Kirimandala. If I say “KirimandÁla” they won’t get it since the accent must be said in another syllable (KirimÁndala). Mhm mhm.
  • Going to the movies is a bad business. Seats are fine, but they’re stingy with the popcorn. Te-rri-ble.
  • I love how they move their heads, like Indians, to say that they agree, or “yes”… or “no”, or “I’m not sure”… It’s a bit complex, but it’s fun anyways.
  • Maluma and Nicky Jam is what you can listen to in Spanish. I’ve heard some Shakira’s covers… and, of course, all possible versions of Despacito.
  • You need to be a bit aggressive when ordering food at a local restaurant just because queues are completely ignored here.
  • Oh! The monsoons. I freaked out last night: rains are sudden, really heavy and super loud. We had a concert of thunders last night, all night. Scary.
  • Last thing: they have KFC. BUT the chicken is, of course, SPICY! Mixed feelings.

There are many things I don’t remember or haven’t noticed yet. Maybe I adapt too fast or perhaps I’m extremely attached to a routine… The truth is that, for some reason, I feel like I fit in Colombo. It feels like I belong to the city. I remember having the same feeling two months after arriving to Sweden. But the truth is that I don’t belong to Sri Lanka, and I probably won’t. My admiration is not encompassing enough to be integrated into this society, but that’s another post. For now, I’ll try to sleep with 90% humidity while trying to murder one more horde of annoying mosquitoes.

Good night (or morning, or whatever)!

Josh

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